viernes, 2 de marzo de 2012

El perro negro. La depresión y jung.

Acabo de descubrir a través de este artículo que en algunos ámbitos (creo que básicamente anglosajón, pero también hay enlaces en español) la depresión se conoce como el "perro negro". El valor simbólico del asunto es importante. Es una personificación o animalización (en ambos casos es inexacto, pues tendría características de ambos) de algo que no tiene forma, ni cara, un enemigo al que no se puede enfrentar. Un dragón invisible. Como en la antigüedad cuando las enfermedades se suponían causadas por dioses o demonios, ahora la mente racional no sabe como defenderse a algo que se nos puede definir como un desorden en la producción de serotonina. El individuo no sabe que hacer con esa información. Eso y nada es lo mismo, la parte más profunda de la mente, de la que el paciente debería extraer la energía para poder sanar, no puede trabajar con algo que se presenta como un problema de cañerías de complejidad espacial que se debe tratar con medicinas de composición y efectos igualmente crípticos.
En cambio, al otorgar a la enfermedad un valor simbólico, en forma de un enemigo externo arquetípico, mitológico, la cosa cambia, y sin poder demostrarlo (ni soy psiquiatra ni psicólogo ni tengo datos estadísticos) estoy seguro de que resulta mucho más fácil afrontar los síntomas y tomar en camino de la curación. Ya no tenemos algo borroso que se define por nombres químicos (alquímicos) que nos son extraños, sino que estamos ante un Perro Negro, un enemigo externo, como un daimon o un mal espíritu que se ha decidido a fastidiarnos pero que podemos visualizar, que es una manera de ver, y por lo tanto enfrentarlo.
Todo muy junguiano. Arquetipos que vienen desde los tiempos más antiguos y aún determinan el funcionamiento de nuestra mente, y viceversa, estructuras antiguas a las que se pueden acoplar conocimientos y problemas nuevos. Porque fue así como entendimos antaño lo que ahora damos por seguro.

Metaboliza esto, hijo de...