La venganza a partir de un hecho pasado es moralmente incorrecta porque va en contra de la idea de moral básica (y kantiana) de no hacer lo que no querrias que te hicieran. De la misma manera que no querrias que algo del pasadio viniera morderte el culo, es mejor no ir a morderle el culo a otro. Haberlo arreglado en su momento. Estoy hablando de ofensas cotidianas, de palabras, gestos, humillaciones, incluso violencia, que para uno pueden ser muy graves pero que no son en plan "tu mataste a mi padre, prepárate a morir". Más que nada, porque entonces una venganza a largo plazo sí estaría justificada, pues el daño sería permanente, y por lo tanto, no prescribe.
Si lo analizamos, la mayoría de veces que algo del pasado nos corroe por dentro no es por la ofensa en sí, de la que no somos responsables, pues vino de otro del que, evidentemente, no podemos controlar los actos. Las más veces, pensadlo, la culpa es simplemente nuestra por no haber sabido reaccionar a tiempo, en su momento. Ya sea consiguiendo invertir la situación y convertir al oponente momentáneo en un aliado (algo que las más veces, no nos engañémos, es más difícil que convertir el plomo en oro), ya sea usando la violencia y hacer arrepentirse al enemigo (en este vaso la palabra enemigo ya es de legítimo uso) de sus actos. Porque no olvidemos que eso de la respuesta proporcionada es una idiotez: En caso de vernos obligados a usar la violencia, el objeto es causar un daño realmente serio al oponente, solo teniendo en cuenta no dejarle secuelas permanentes ni matarlo. Dejar una simple cicatriz recordaría eternamente la ofensa, y aumenta las (naturales pero inevitables) posibilidades de que el otro quiera vengarse en un futuro, pues hemos hecho nosotros un daño permanete. Pero sí debe haber dolor (conocer los puntos de dolor del cuerpo siempre es útil, como estos, aunque ojo que algunos, como laringe o nuca, son letales), y sobretodo miedo. Sea a manos desnudas, sea con las armas con las que nos podamos hacer en ese momento (nada de punzocortantes). La lección, una vez que estemos seguros de que no es llevada por la ira irreflexiva y que es una respuesta legítima, debe ser, simple y llanamente, aterradora. Me atrevería a decir que es bueno que el objetivo crea que va a morir allí, aunque en nuestro interior sabemos que no tenemos la intención de ni siquiera dejarle secuelas.
Pero este no era un post de tratado de guerra, sinó todo lo contrario. Reacapacitemos: en caso de que se trate de una ofensa pasada, no es lícito hacerle recordar al oponente, que quizás se haya arrepentido íntimente, o simplemente la vida le haya hecho madurar. La venganza, y más si esta muy incubada, es un acto de enorme negatividad, y la emisión de negatividad al mundo vuelve al emisor. Y no vuelve proporcionada, sinó multiplicada. Olvidad el concepto "mal" o "bien". "Positividad" y "negatividad" entendidos como una fuerza natural, similar al karma hindú, es mucho más inteligible. Solo si vuelve el antiguo enemigo vuelve a reincidir en sus actor ya en el presente, frente a uno, sin una provocación previo (nosotros sí hemos madurado y, como estoy diciendo, no tenemos intención de recordar heridas pasadas ni de sembrar negatividad) hay que retomar la situacion, Y, siendo presente, responder con la máxima energia destructora. En este caso, cualquiera entiende que estamos soltando negatividad en cantidad industrial, pero nos evita tener esa negatividad que nos reconcomerá en el futuro por na haber sabido reaccionar, y entonces el problema no se podrá solucionar. Si no hay nueva ofensa, dejar pasar el recuerdo, que se manifiesta con la misma mentalidad inmadura de cuando nos hirieron y por ese mismo es difícil de racionalizar y impide comportarse con justicia, y dejarlo fluir, y seguir con nuestra vida nueva, pues el presente es un regalo.
Si lo analizamos, la mayoría de veces que algo del pasado nos corroe por dentro no es por la ofensa en sí, de la que no somos responsables, pues vino de otro del que, evidentemente, no podemos controlar los actos. Las más veces, pensadlo, la culpa es simplemente nuestra por no haber sabido reaccionar a tiempo, en su momento. Ya sea consiguiendo invertir la situación y convertir al oponente momentáneo en un aliado (algo que las más veces, no nos engañémos, es más difícil que convertir el plomo en oro), ya sea usando la violencia y hacer arrepentirse al enemigo (en este vaso la palabra enemigo ya es de legítimo uso) de sus actos. Porque no olvidemos que eso de la respuesta proporcionada es una idiotez: En caso de vernos obligados a usar la violencia, el objeto es causar un daño realmente serio al oponente, solo teniendo en cuenta no dejarle secuelas permanentes ni matarlo. Dejar una simple cicatriz recordaría eternamente la ofensa, y aumenta las (naturales pero inevitables) posibilidades de que el otro quiera vengarse en un futuro, pues hemos hecho nosotros un daño permanete. Pero sí debe haber dolor (conocer los puntos de dolor del cuerpo siempre es útil, como estos, aunque ojo que algunos, como laringe o nuca, son letales), y sobretodo miedo. Sea a manos desnudas, sea con las armas con las que nos podamos hacer en ese momento (nada de punzocortantes). La lección, una vez que estemos seguros de que no es llevada por la ira irreflexiva y que es una respuesta legítima, debe ser, simple y llanamente, aterradora. Me atrevería a decir que es bueno que el objetivo crea que va a morir allí, aunque en nuestro interior sabemos que no tenemos la intención de ni siquiera dejarle secuelas.
Pero este no era un post de tratado de guerra, sinó todo lo contrario. Reacapacitemos: en caso de que se trate de una ofensa pasada, no es lícito hacerle recordar al oponente, que quizás se haya arrepentido íntimente, o simplemente la vida le haya hecho madurar. La venganza, y más si esta muy incubada, es un acto de enorme negatividad, y la emisión de negatividad al mundo vuelve al emisor. Y no vuelve proporcionada, sinó multiplicada. Olvidad el concepto "mal" o "bien". "Positividad" y "negatividad" entendidos como una fuerza natural, similar al karma hindú, es mucho más inteligible. Solo si vuelve el antiguo enemigo vuelve a reincidir en sus actor ya en el presente, frente a uno, sin una provocación previo (nosotros sí hemos madurado y, como estoy diciendo, no tenemos intención de recordar heridas pasadas ni de sembrar negatividad) hay que retomar la situacion, Y, siendo presente, responder con la máxima energia destructora. En este caso, cualquiera entiende que estamos soltando negatividad en cantidad industrial, pero nos evita tener esa negatividad que nos reconcomerá en el futuro por na haber sabido reaccionar, y entonces el problema no se podrá solucionar. Si no hay nueva ofensa, dejar pasar el recuerdo, que se manifiesta con la misma mentalidad inmadura de cuando nos hirieron y por ese mismo es difícil de racionalizar y impide comportarse con justicia, y dejarlo fluir, y seguir con nuestra vida nueva, pues el presente es un regalo.